Dra. Lunic

Algo acerca de la relación médico-paciente

Reunión semanal del Grupo del Hospital de Clínicas del miércoles 2 de julio de 2014. Este material se  recopiló gracias a la colaboración de la Sra Laura Meschinf.

En esta oportunidad hablaremos sobre la importancia de saber cómo pedir ayuda a la hora de consultar al médico para que sea un tiempo productivo para él y beneficioso para mi.  Pongamos de ejemplo la visita de un paciente por primera vez al médico:

Médico: ¿Cuál es el motivo de consulta? Qué le pasa?
Paciente: Me duele
Médico: Qué le duele?
Paciente: Me duele “todo”
Médico: ¿Cuánto hace que le duele?
Paciente: Mucho
Médico: ¿Cuánto es mucho?, ¿5 años, 10 años?, 15 años?
Paciente: Siii……
Médico: ¿Sí,  qué?…….

Este relato es bastante frecuente en la consulta, la situación es: el espacio del consultorio es chico, el tiempo es poco, el médico está consciente de esto, el paciente no, y cuando al fin lo atienden…….es tanto lo que necesita…….que no puede ser concreto. Esto se debe a que ser concreto es una actitud adulta, y el paciente con dolor tiene una actitud regresiva, necesitada física y emocional.

El planteamiento es el DOLOR. Pero, ¿qué es lo que se pide? porque a esta altura del diálogo es más una queja que una descripción de lo que pasa.

 

¿QUÉ APRENDER DE ESTE EJEMPLO?

1. Es importante entender: el qué, cómo y cuándo del dolor:

Estas son preguntas normales que hace el médico ante cualquier situación, y si se está en la queja, no se puede objetivar qué es lo que pasa. El paciente siente un “dolor” que lo tapa, lo cubre todo a su alrededor y no puede decir características de ese dolor porque esta inundado por el dolor físico y emocional. 

2. Ser concretos:

El médico si bien como ser humano entiende, tiene que saber las características del dolor para poder ayudar. Cuando el paciente no puede expresarse, refiere el dolor como si fuera de toda la vida, como si no tuviera recuerdo de otra cosa. Para el paciente es conveniente tener presente que hay un objetivo al juntarse médico y paciente. Para poder hacer algo tengo que saber qué es lo que me pasa, y qué quiero que lograr esto permitirá ver qué se puede hacer.

La Biblia dice que una persona tiene que hacer un “examen de conciencia”, una introspección, buscar el autoconocimiento. Pasa lo mismo con el “dolor”, tengo que conocerlo, ¿cómo es?, ¿desde cuándo?, porque no nací con él, ¿Cuándo empezó, cómo empezó, qué pasó cuando empezó?. Relacionar los síntomas, con lo que me pasó a otros niveles de la vida, que pueden tener que ver con el dolor y con el propio modo de reaccionar ante lo que pasa.

En general el médico con 25 pacientes esperando atrás, siente “esta persona quiere de mí algo que como médico no puedo darle en este espacio de tiempo”.

3. Saber cuál es mi objetivo ante el médico:

Buscar ayuda para solucionar su problema. Por eso es conveniente prepararse con antelación para no perder la oportunidad de que el médico me pueda brindar una herramienta efectiva (medicación, indicaciones, etc.).

Comparemos con otra situación:

Yo: ¿Me prestas plata?
Amigo: ¿Cuánto?
Yo: No sé

No sirve, así no me van a dar. Tengo que ser claro y objetivo, necesito $50, por una semana, cobro y te los devuelvo. Así voy a tener más chances de lograrlo.

Entonces, si voy al médico con una queja, sin una estructura, el médico NO me puede dar una solución.  Es importante el “objetivo”:  “mejorar mi dolor, calmar mi dolor”.

Para eso tengo que hacerme cargo de lo que me pasa. Si me quedo en la queja no me estoy haciendo cargo, quiero que la solución venga del otro, de esta forma termino siendo capturado y anulado por mi emoción.

Todas las enfermedades son de origen psicosomático, no solamente la Fibromialgia. Aún en el caso de la tuberculosis hay una parte psicosomática: el Bacilo de Koch, se activa cuando la persona tiene las defensas bajas, cuando no hay buenos hábitos de salud o protección familiar y social que acerquen a las personas a la vacunación y a la higiene y el descanso adecuados.

Una persona no enferma de un instante a otro, tienen que concurrir una serie de condiciones para que esto pase. En el caso de una enfermedad crónica a veces son 20 ó 30 años de malos hábitos y descuidos hasta que “se organiza” la enfermedad.  La Fibromialgia “grita” más, pero todas las enfermedades cursan con dolor. Creer que “mi dolor” es el único, es estar alejado la realidad. Los pacientes con Lupus, Cáncer, Artritis Reumatoidea tienen también intensos dolores, lo mismo que un paciente con diabetes.

Si cuando voy a la consulta, tengo el objetivo claro, voy a poder ocuparme mejor de lo que pasa y voy a poder hacer que “lo que hay, alcance”, esos 15 minutos que el médico me va a dar van a ser efectivos, van a servir para lograr algo útil, si no, es más de lo mismo y me voy a ir frustrado.

Cuando una persona anda por la vida así, pide, pero lo que pide no es satisfascible porque no es “concreto”, no está “bien pedido”. Hay que ir al médico conociendo la propia situación, sino se pierde la oportunidad de obtener una buena ayuda.

Esto es prepararse para aprender y optimizar la situación, no para generar culpas. La culpa es un gasto inútil, lo que tratamos es de evitar el: “Uf, tenía 15 minutos y no le di al médico los datos que me podían haber servido para que me ayude”.

Ir al médico sabiendo cuándo empezó el dolor, cuándo se activa el dolor, cómo se alivia el dolor, qué medicación se ha tomado. Antes se veía como de obsesivo, llevar las cosas anotadas, ahora más bien es ser práctico. De esta forma vamos a algo concreto y el médico me va a poder brindar una ayuda real.

Extrapolemos la misma conducta a otras relaciones:a la pareja, a los hijos, los amigos, el trabajo, los hermanos, etc.: si pido algo tengo que saber que estoy pidiendo, ser concreto.

Volviendo al caso de la visita médica, “al fin alguien me va a escuchar y yo me olvido lo que quiero decirle”. A mayor edad del paciente, es probable que haya mayor dispersión, por eso vale lo de llevar anotado.

Miremos otro ejemplo cotidiano: 
Supongamos que necesito una rodillera y voy a una farmacia a comprarla. Me atiende muy mal una señorita joven que está “en otra”. Aparte, no hay otro negocio, yo no tengo tiempo y necesito la rodillera que hay en esa farmacia, entonces tengo que “abuenarme”, sonreírle, hasta que esta persona que me está atendiendo mal, se digne venderme la rodillera.

A pesar de lo que no me gusta de la situación, tengo que cumplir mi objetivo que es “llevarme la rodillera”. No necesito educarla, no es mi tarea, necesito la rodillera. Si salgo de la farmacia sin la rodillera, me duele la rodilla y no hay otro negocio cerca significa que “no cumplí con mi objetivo” y esto no me sirve. El tema es el “objetivo”, Si me dejo dominar por la emoción que me embarga y pienso “soy más fuerte que ella y no le compro nada”, no me sirve a mí, yo me voy cojeando y sin la rodillera (sin cumplir mi objetivo), a ella no le importa y lo más probable que cuando yo salga se olvide.

Se trata de eso, fijarse cuál es el propio objetivo: “estar bien y ver qué necesito para estar bien”. ¿Necesito mucho para eso?  Si el objetivo es mejorar la salud, hay que pensar realmente bien cuáles son mis necesidades, NO lo que “yo quiero”, eso es otra cosa.  

El médico de un paciente crónico cumple un rol parental, pero deber cumplirlo profesionalmente sin sobreinvolucrarse, porque el paciente necesita crecer, no necesita una mamá sustituta. Desarrollar esta condición humana es el desafió de la vida del médico.

Vaya preparado a su turno médico:

  • Tenga claro su OBJETIVO
  • ¿A qué voy a este médico?
  • ¿Qué ayuda necesito de él/ella?
  • ¿Cómo es el dolor?
  • ¿Qué medicación he tomado?
  • ¿Cuándo se activa el dolor?
  • ¿Cómo se alivia el dolor?
  • ¿Desde cuándo tengo este dolor?

………………

Ahora damos lugar a una pregunta de un estudiante:

¿Y QUÉ PASA CON LAS PERSONAS QUE “FINGEN” ESTAR ENFERMOS?

Hay casos de “pacientes facticios”, son personas que simulan estar enfermos, y hasta se convencen de ello, para obtener beneficios secundarios. Mienten sus síntomas. Cuando uno es un médico joven reniega de estas personas que fingen estar enfermo. Lo acusa, lo condena y dice “yo con este paciente no quiero tratar, que vaya a un psiquiatra”.

Ahora pensemos, si esa persona para poder tener un lugar en este mundo, en esta vida, tiene que fingir que está enfermo….¿no está “realmente” enfermo? Si, está enfermo de no tener un lugar y de un montón de cosas más, pero es un enfermo también. Si alguna persona me pide ayuda como médico y yo pienso que está mintiendo, porque además no siempre miente, a veces dolorosamente “se sienten enfermos”; entonces yo pienso, que esa es la manito que esa persona saca para pedir ayuda, pero si uno quiere ayudarlo a salir de esa situación, hay que saber como.

Por supuesto el camino es organizando un vínculo sano con ese paciente porque es el vínculo, la relación médico-paciente la que va a sacar a esa persona de ese lugar, con ayuda de algún medicamento a veces, pero fundamentalmente con una buena relación médico-paciente ¿por qué no aprovechar esa oportunidad? Se tendrá que analizar si uno es el indicado para brindar la ayuda, sino habrá que derivarlo a quien pueda hacerlo.

Cómo no tratar de ayudarlo, si uno no sabe si el día de mañana a uno le puede llegar a pasar lo mismo. Este ser humano se quebró, se nubló, pide ayuda en la forma que puede, encontró una manera digamos “equivocada” de ubicarse en la realidad, porque no pudo de otra manera, bueno, hay que mostrarle que se puede, que hay otras formas, que cada uno tiene las suyas, que no todos tenemos que poder con todo y que vamos a intentar ayudarlo.

Pero si yo no puedo ayudarlo no es justo que lo siga, es justo que busque otro profesional; que lo derive, porque ahí está “mi prueba”, ¿cuál es mi propio análisis de mi realidad y de mi capacidad?, ¿cuál es mi propio objetivo, ayudar o aumentar mi ego?

Si yo lo quiero ayudar porque veo que lo necesita y veo que yo no puedo ayudarlo, ahí viene la “humildad”. Esto es lo único que nos rescata como humanos. Uno dice “tengo 4 hijos, uno es fácil, uno más difícil, ¿cuál es el que más me necesita, con el que más yo mismo me voy a desarrollar?”, el hijo que más me necesita es el difícil.

Y si no, podemos decir “Mire, lo que me pide no sé como dárselo, pero vamos a encontrarle la vuelta, yo te puedo darle esto… sirve? Y lo demás ¿por qué no se lo pide a este otro?, ¿or qué no hace tal cambio? o vamos a preguntar juntos como hacer es su caso”. Claro que para todo esto se precisa energía y tiempo. Y las condiciones de la medicina institucionalizada a veces no lo permiten.

Esto le hace bien al que lo puede hacer y al entorno, se siente satisfacción. Esa figura que se precisa puede ser el médico preparado para tratar y acompañar en su evolución al paciente.  De esto se trata la “psicoeducación”, es el mismo proceso de educación que a lo mejor faltó en su momento.

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Dra. Lunic.